El 21 de febrero cumplí años.

Y este 2025 ha sido, por fin, un año de normalidad.

Después de todo lo que supuso 2024, este ha sido el año de recuperar ritmo. De volver a entrenar fuerte. De volver a trabajar con intensidad. De volver a tener la agenda llena porque quiero, no porque “puedo”.

Y te digo algo claro: recuperar lo que dabas por hecho cambia tu manera de trabajar.

Este año no he trabajado más. He trabajado mejor.

Han llegado proyectos nuevos que no estaban previstos. De esos que no planificas en enero cuando haces tu estrategia anual. Y han sido proyectos donde he podido profundizar mucho en algo que cada vez tengo más claro: la conciencia en el liderazgo.
Hablamos mucho de liderazgo consciente, pero pocas veces bajamos eso a tierra. Para mí este año ha significado cosas muy concretas:
  • Equipos directivos revisando desde qué emoción toman decisiones.
  • Managers entendiendo el impacto real de su forma de comunicar.
  • Profesionales cuestionando el “siempre se ha hecho así”.
  • Conversaciones incómodas, pero necesarias.
No más teoría. Más práctica real.
Cómo haces las cosas importa.
Pero para qué las haces, aún más.
Y en medio de todo esto apareció algo que no esperaba…

La experiencia con Sister Mary Musembi

No estaba en mi hoja de ruta. No era un proyecto de negocio. No era una oportunidad “estratégica”.
Y, sin embargo, ha sido uno de los espacios más auténticos del año.
Porque cuando ves a alguien liderar desde el servicio, sin ego, sin foco en el reconocimiento, te recoloca. Te recuerda que el liderazgo no va de visibilidad, va de coherencia. No va de discurso, va de acción.
Ese contraste me ha venido muy bien en un año donde he podido elegir más y mejor. He dicho que no a proyectos que no encajaban. He priorizado aquellos donde podía aportar de verdad. He trabajado con intensidad, sí, pero sin perder de vista el sentido.

Cumplir un año más, a estas alturas, no me mueve por la edad

Me mueve el criterio.
Este año he ganado eso: criterio. Más claridad sobre qué quiero hacer y qué no. Más conciencia sobre cómo quiero trabajar. Más intención en cada decisión profesional.
No quiero más volumen. Quiero más impacto real. Y te lanzo la pregunta directa: ¿Estás trabajando en automático… o estás trabajando con conciencia?
Porque la diferencia no está en lo que haces. Está en desde dónde lo haces.
Yo este año he vuelto. Pero he vuelto eligiendo.
Y eso, para mí, es el mejor regalo de cumpleaños.